lunes, 14 de marzo de 2016

Tengo la edad de todas las mujeres a las que llamaste puta alguna vez. La edad de tu hija a la que llamarán puta alguna vez




27 de febrero de 2016
Me encontraron muerta en Atlatongo.
Era yo, mujer
Era yo, tenis blancos, pantalones y suéter negro.
Me arrancaron la piel de la cara, el cuero cabelludo y las huellas dactilares.
Me arrancaron el rostro, la historia, la memoria, las pasiones.
A algunos les gusta escribir que me desollaron viva, no sé si para vender sus periódicos de cinco pesos o para hacer que las personas retengan mi imagen y piensen que no soy solo yo, sino todas.
Nos están quitando el rostro, a todas.
Nos están arrancando la libertad de ser, a todas.
La poesía se ha estado poblando de voces que cuentan las historias, que convergen en señalar al agresor, al asesino, al culpable: el macho-idiota capitalista, esparcido en nuestras cabezas, cuerpos, acciones, relaciones, formas, modos de vida, o de muerte, porque esto ya no es vida si el país se está convirtiendo en una tumba para todas aquellas que se atrevieron a nacer con vagina.
Y esto ya no es poesía, ya no es poema,
Ni una declaración, ni un testimonio, es otra cosa
Que grita desde nuestras entrañas, desde las matrices, los ovarios, los pezones que nos condenan en un país que odia a las mujeres
Culpa nuestra por no cuidarnos, por no prevenir, por distraídas, por la ropa que vestimos, por no llevar silbato, por caminar a las 3 de la mañana o a las 2 de la tarde, por amar, por no amar, por meternos en lugares que no debíamos, en espacios que no son para mujeres, por llevar apagado el celular o tomar un taxi cualquiera, culpa nuestra por andar solas (es decir, sin hombres), culpa de Lola y Melina, asesinadas allá, acá, en Ecuador, por caminar solas en la playa, por viajar solas desde Argentina.
Culpa de Magali por no dejar a su ex antes  de que la matara
Culpa de Valentina por usar vestido tan noche
Culpa de Daniela por pedirle la hora a un desconocido




Soy un niño, un hombre o un adolescente, un potencial asesino y un posible violador
Y no es porque quiera, es por cómo me educan.
Es porque me enseñan primero a poseer, que a abrazar,
es porque antes de leer ya aprendí a mirar a la otra como un trofeo de mis palabras;
es porque intentan naturalizarme un animal que ni siquiera es tal,
es más bien un monstruo del poder
que ve a la otra como su triunfo, como el galardón a algo que aun no entiendo, pero que ya debo aplicar, a algo que le dicen macho.
Yo todavía quiero jugar con ella, con él y con elle… jugar, simplemente jugar a las manitas, a la ronda, a las muñecas o a la pelota, pero no quiero jugar a ser el más algo que alguien o alguienes.
Papá ¿por qué insistes en que mire las piernas de una mujer? ¿Por qué me dices que tengo que fijarme en ellas si tu me insultas diciendo que lloro como una de ellas? ¿Por qué me obligas a decirles cosas si tú dices que soy peor que una mujer cuando lloro?
Papá ¿y si a ti en verdad no te gustan o no las encuentras bonitas? Lo digo por el simple hecho de que me maltratas diciendo que soy una de ellas. Y yo no me siento mal por eso, al contrario.
Pero vienen los golpes, los insultos, los castigos, los maltratos “hasta que te comportes como hombre”…
Entonces ¿Qué es eso? ¿Cómo debo comportarme? ¿Qué es ser hombre?



Tengo la edad de la niña violada y asesinada ayer, hoy, mañana.
Tengo la edad de la niña que pedía dinero en el semáforo, tenía una trenza larga y el rostro, el rostro…
Tengo la edad de la niña solitaria que se ríe bajito para no molestar…
Tengo la edad de la mujer cautiva durante 10 años, porque un tipo la secuestró mientras volvía de la escuela. Tengo la edad de todas las mujeres cautivas arrancadas del presente y sumergidas  en esa oscura madriguera que no lleva al otro lado sino a este, a este túnel que se nos está haciendo la calle…
Tengo la edad de las mujeres indígenas violadas por los hombres del ejército, esos machos perfectos.
Tengo la edad de la mujer a la que le piden un examen psicológico para comprobar que no está loca por acusar a un hombre de haberla agredido sexualmente, en plena calle, en plena luz, en pleno día, en pleno país muerte. Hay un vídeo de la agresión.
Tengo la edad de la mujer hallada en un basurero, sin rostro, sin piel en las manos, sin  alguien que se indignara ante una fotografía que alimentó el morbo de las personas que comen sentadas entre ríos de sangre.
Tengo la edad de una mujer acosada en el metro.
Tengo la edad de la mujer, ese ente abstracto y homogéneo, que despierta suspicacias entre algunos hombres  que se indignan cada vez que ese ente se remueve, se parte, se hace historia, memoria y grita.
 “No que muy pidiendo igualdad, a ver ¿cuándo es el día del hombre?”… Los otros 364 días, compañero.
Tengo la edad de las mujeres que viajan solas. Y fin.
Tengo la edad de las mujeres asesinadas fuera de su país. Asesinadas dentro de su país.
Tengo la edad de las mujeres señaladas, marcadas, estigmatizadas.
Tengo la edad de todas las mujeres a las que llamaste puta alguna vez. La edad de tu hija a la que llamarán puta alguna vez.
Tengo la edad de mi amiga, la que por cinco minutos se debatió entre ser una sobreviviente o una cifra en algún rincón olvidado, mientras se le iba el aire, mientras era ahorcada  por un intelectualoide que leyó Rayuela y los poemas de Girondo.
Tengo la edad de Ana, mientras el cuchillo le atravesaba el pecho, mientras él intentaba matarla.
Tengo la edad de Roberta mientras la arrastran por la calle, porque  “eres mía y no puedes estar en la calle”.
Tengo la edad de Valentina, militante, luchadora, guerrillera, asesinada por rebelde.
Tengo la edad de las mujeres que parieron en prisión mientras sus rostros circulaban por las calles y se hablaba de desaparición forzada.
Tengo la edad de las maquiladoras, asesinadas.
Tengo la edad de las periodistas, asesinadas.
Tengo la edad de las mujeres cuyas historias jamás fueron escuchadas, porque no hay quien las oiga, quien quiera oírlas.
Tengo la edad de las mujeres asesinadas, cuyos casos fueron cerrados al concluir: “No fue feminicido sino crimen pasional”. El olvido es una trampa.
Tengo la edad de las mujeres que están siendo torturadas, violadas, acosadas y hostigadas mientras debatimos quién tiene que pagar la cuenta o el motel, porque la igualdad es una trampa.



Yo necesito tener una cita urgente con eso que dice que soy hombre
porque no quiero elegir ser hombre con rostro y manos con sangre.
Yo quiero tocar el rostro de mi compañera, acariciarlo y no sacárselo, papá… y eso no es metáfora ni exageración se lo hicieron a una hermanita papá, a una hermana grande.
Yo necesito tener una reunión urgente con aquello que me llama hombre, porque si se trata tan solo de eso que tengo entre las piernas, para mi es solo un dedo y tengo 10, así que no lo quiero.
Tengo que explicarle a eso que no violaré para la supremacía de un proyecto enfermo, que quiere parir una sociedad enferma, hija sana del pater superior.
Quiero que sepa que no, a ellas no las voy a golpear, para mí no serán el sino de la fragilidad a quebrar, porque me reconozco frágil, esa es mi fortaleza y libertad.
Me niego a ser el más fuerte.
Me niego a ser el protector.
Me niego a ser el más hombre, de hecho me niego a ser hombre, ya que en las muertes, en las violaciones, en los femicidios me reconozco trizado, como muchas de mis compañeras.
Necesito decirle urgentemente a aquello que me dijo hombre que ya no, que ya nunca más, que vamos tan quebrados y quebradas por la vida que nos empezaremos a incrustar en su dureza de macho.
Entérate:
Que cada vez que vaya una sola, yo seré otro y otra al lado.
Que cada vez que a una le digan puta seremos tres; yo, ella y las asesinadas asediándote.
Que seré una astilla en tu ojo macho-miope cuando hagas tus lecturas de Cortázar, Girondo, el Che, Dalton y Marx.
Y por último y hasta el fin entérate que seré una molestia para ti y tu creación nefasta, que está tiñiendo de sangre lo que toca.

Falsa aporía:
Hombre-asesino
Mujer-asesinada.










jueves, 3 de marzo de 2016

Chile: país de asesinatos clasistas en donde la niña pobre o la cola pobre morirá en nuestras manos o ¿Cuánto cabe en otro año de tu ausencia?



Se va a cumplir otro año de mucho, de la gran ausencia de Víctor, Wally, Hija de Perra y al mismo tiempo, en los mismos días, una gran presencia. Todos los días se cumple un año de algo, a cada rato y en cada lugar, pero no todo los días ese tiempo (ya no diré año, me parece que no contiene rostros, sensaciones, compañías) te atraviesa, te envidria los ojos y te remueve como hoy.
Es difícil partir este escrito que habla de la física muerte de Víctor-Wally-Hija de Perra, ya que invocar esos tres nombres es invocar al mismo tiempo una serie de temporalidades que se mezclan promiscuamente para hablarnos de un pasando, es decir un pasado que constituye una forma de llevar la vida en presente, un pasado pasando y también una lucha presente hacia el adelante.
Compartir la historia de vida de un grupo de gentes y gentas que nos convocamos a partir de Víctor-Wally, es compartir la historia de radicalización de un grupo de seudoniños veinteañeros como muchos, que podemos morir en la mayor miseria como la mayoría, heredando monstruosas sumas por intentar vivir, como casi todas y todos. Para ser exactas 58 millones de pesos a la clínica de salud privada Clínica Dávila. Y es que pareciera que estamos marcadas en la frente con una calavera, como si lo inevitable nos intentara condicionar. Hablar de la muerte de Wally es hablar de una muerte de mentiritas, porque acá en el país del norte (más abajo del de los imperios farmacéuticos) y allá en los del sur, Wally-Hija de Perra y Víctor siguen revolcándose en alguna chela cuneteada (en una banqueta), en alguna fiesta con contenido y en muchas calles sedientas de dignidad, gliter y justicia. Por lo mismo esta historia escrita muy desde mi guata (panza) es necesario comprenderla como un aglutinante y como una catapulta que opera tanto en Chile como en México, por hablar de mis cercanías geográficas.
Nunca pensé que ese día en que Waly me enseñó a saltar de muros muy altos y a caer como una princesa de manos en la cintura, sería tan infinito en mis andares. Como tampoco pensé que te morirías y, que más que el sida, te intentaría matar una clínica privada, la salud y un país detestablemente enfermo.
Así que echaré mano a mis palabras maletas, que se sirven de viajes en los tiempos y en los significados, para por ejemplo reemplazar la palabra Chile por muerte, por usura, o mejor por una definición. Chile: país de asesinatos clasistas en donde la niña pobre o la cola pobre morirá en nuestras manos. Chile (y cada vez más el mundo) lugar donde se lucra con el sida, con la muerte, con la medicina, con la educación, con la tierra y con nuestra subsistencia.
Como versan las palabras baquetas de una bella engendra de por allí “tu única muerte es el olvido”, así que haré de tu-nuestro relato una pestaña postiza para la historia de nuestro pasado pasando. Nos conocimos al ritmo de algún Don´t stop the dance de Bryan Ferry o de algún meneo de pelvis frenético al son de Hong Kong garden de Siouxsie And The Banshees, cuando nos cruzamos fuiste una especie Warhol de cuneta y pusiste tus ojos en un atolondrado grupo de descarriadas segundas adolescentes y te fijaste en una amiga en particular. No paramos de bailar, reir y beber hasta que nos echaron de un after. Creo que fue el presagio de nuestros tiempos y colores, esos en donde hicimos de las horas un par de aretes para colgar en las orejas de la molesta producción capitalista. Me refiero a esas horas estiradas de la madrugada en donde no sabíamos si estaba amaneciendo u obscureciendo. Pero era el momento de brillo en la oscuridad y así me quedé, y así compartimos y así nos hicimos.
De ahí en adelante fui parte de una infinidad de travesticiones, estéticas y éticas, corporales, de la cabeza y el corazón. Es por eso que cuesta escribir, porque de pronto todos los bailes juntos se vienen a los ojos; esos bailes con los cuales pateábamos, desde atrás y con descaro la mierda de vida que nos estrangulaba. Siempre tuvimos claro que no encajábamos, tampoco queríamos hacerlo, pero unos años más tarde supimos que queríamos construir el lugar en donde las piezas de nuestro rompecabezas enfermo y feliz, encajaran por un ratito.
Generamos una guerrilla con nuestros maquillajes baratos como arma, contra esa parafernalia cara de las normas conservadoras que nos intentan acallar a diario. Por supuesto solo hacíamos, y nos atropellábamos en el hacer, la vida se nos podía ir en el segundo de sentarnos a mirar. Eso si nosotras, las guerrilleras maquilladas, de vez en cuando nos sentábamos a contemplar, pero borrachas sobre algún techo, encima de un árbol o en largas caminatas por la periferia de nuestras periferias, en estados bastante sospechosos siempre. Y así pintadas mal fuimos tropezándonos y juntándonos, entre errancias, erradas y errados "sospechosxs" nos fuimos encontrando. Armando entre piedras y labiales lo que realmente queríamos, una mezcla de aquellas que tanto te gustaban. Largas caminatas al frigorífico de la panamericana, reconociéndonos con lxs cumas (ñeros) de alrededor, encontrando belleza en donde históricamente ha estado negada.
Esta ensoñación travesti armada se vio en nuestros largos juegos (profundamente deveritas) a las cabareteras, en nuestra escuela del despilfarro pobre y estrambótico, embarrado pero con plumas falsas. Las fiestas Chiquitibum, tus cumpleaños, las fiestas de putas, el matrimonio de Perra y Caballo, y una larga lista de etcéteras con peluca. Y salieron los regetones venéreos y nos reímos con más ganas de lo gaaaaay, hicimos calle jugando a las putas, a las góticas, todas jugamos con tu vagina plástica de sangre dulce. Tu gran vagina y nosotras, la pandilla-familia bizarra, fuimos la casita en el árbol sin hojas y con pocas ramas, como todo lo que hay por los paisajes de la panamericana. Empezábamos a armarnos el lugar “ke nunca jamás” existió, y ya no nos quejamos, lo fuimos haciendo. Pa mi, gran parte de todo eso queda en la maravillosa película “Empaná de Pino” de Wincy Oyarce y en los ojos de tu madre Rosita que más de una historia sobria tiene pa contar. Y así nos tomamos la escuela de teatro, los antros bailables, habitamos casas fantasmas, estuvimos y nos echaron de la “alternatividad”. 
Luego vinieron los tránsitos coquetos y peligrosos con la academia, con los cuales te masturbaste ya no de manera tan literal, pero si molesta; porque desprevenida caíste como eyaculación en el ojo miope de ese espacio. Los años nos fueron reencontrando en las calles, en las marchas, en los diversos frentes donde reclamamos que había mucha fiesta y poca protesta, a pesar de que nos estuvieran asesinando por maricas, por travas, por mujer o por que se yo… si ese paisito neoliberal se vuelve cada vez más miope macho y arrasa contra todo lo que le parezca peligrosamente diferente.
Hoy las lágrimas hacen correr el rímel de tantas cosas amiga querido, todos esos viajes siderales a los que solían llevarnos las conversas; la pandilla-familia disfuncional, bizarra y grandota que somos y nos seguimos encontrando en los bailes contra la autoridad impuesta. Pa mi fuiste otra más de las que me enseño a caminar con los zapatos equivocados, a verme alta y soberbia frente a tanta cuchilla patriarcal que quiso apuñalarnos. Escribo desde la rabia, desde la tristeza, pero no tan solo por tu ausencia física, sino porque sé, que por como van las cosas, vienen muchas ausencias más y quizá en peores condiciones que tu partida. Es por eso que veo tu cara, tu actitud y esa vocecita de coro del infierno en muchas esquinas del mundo. En los millones de procesiones paganas que tenemos que armar pa devolver los ataques de este sistema neoliberal nefasto.
Pa mi, tus procesiones paganas son la fila en el hospital público al que nunca quisiste llegar. Pa mi tus procesiones paganas son los pasillos mortuorios de la mierda de salud pública que nos tiran como migajas, ese mismo lugar donde ha muerto tanto amigo sidoso pobre. Pa mi, tus procesiones paganas han sido el tránsito fúnebre que han tenido que emprender tu madre y la pandilla mendigueando por esa deuda miserable que dejó tu muerte. Creo que esa churulencia que adquirimos al pintarnos y ser objeto de tus violaciones, macabro juego a la inversa del machismo opresor, nos hace enfrentar la perra vida desde otro lugar, agarrando la panty (leggin) y el taco pa llenar las calles del mundo de sangre con sida, infectando a esa pandemia asquerosa llamada salud y en tu particular caso llamada Clínica Dávila, con los 58 millones que nos dejó tu muerte.
Así como la “ley Zamudio” (ley de antidiscriminación chilena) podría existir una ley Hija de Perra, pero creo que el nacimiento mismo de las leyes ya te superó amiga.
Creo que junto a la pandilla aprendimos a operar como contenedores, aprendimos a ensayar con la sangre de mentiritas lo que puede llegar a pasar con la de verdad. Creo y creemos varios, que pa que las cosas cambien ese paisito debe arder por completo, repito, arder por completo; y ahí los límites de la tolerancia y el respeto, amiga, serán ensangrentados con sangre sidosa, porque cuando llegue ese momento quizá todas y todos tendremos sida, y será uno de los combustibles para esa gran fogata. Y desde las cenizas, desde los desperdicios, desde la inmundicia que deje toda la mezcla provocada por el fuego, desde el borroneamiento de los márgenes que delimitan la periferia (porque todo será periferia), tendrá que levantarse aquello nuevo que queramos. Lo bueno es que no costará tanto empezar, porque hace algún tiempo atrás, con materiales muy baratos, en una periferia de las periferias y extasiadas de felicidad ya lo habíamos ensayado. Hoy a casi dos años de tu muerte Víctor-Waly-Hija de Perra, nos seguimos encontrando en las calles del mundo, donde resuena un aullido en tu nombre y donde nos alzamos todas las “perras culiás” contra el estado y la normatividá.

Para más información de las actividades visita: https://www.facebook.com/58-Millones-De-Besos-con-Sida-1691459914466195/?fref=ts